5 de noviembre de 2014

CEBOLLA, QUESO, HARINA Y VIENTO ... UNA TRADICIÓN CON AZÚCAR


HERENCIA Y SABOR UNA DELICIA CONJUGADA

LA CHUGCHUCARA, EL PLATO TIPICO DE LATACUNGA


Si de comida se trata, los chefs innatos del Ecuador son los expertos, pues una de las características principales de este país megadiverso, se debe al deleite que brinda su gastronomía al paladar de propios y extraños.  

En el Ecuador, cada región, ciudad, pueblo o barrio tiene al menos un plato típico digno de ser nombrado, degustado y recordado. Por ejemplo, si se trata de hornado hablamos de algunas regiones de la sierra, sin embargo, el que sabe mejor según los expertos, es el que se prepara en Riobamba; el llapingacho es el referente típico de Ambato, el encebollado el de Manta, los cangrejos de Guayaquil, los tamales de Loja, las humitas y los helados de paila de Imbabura, la fritada de Quito, las carnes coloradas de Cotacachi, la langosta de Galápagos, el ceviche de camarón de Atacames, las allulas de Aloag, las gallinas y pan de Pinllo de San Bartolome de Pinllo y por supuesto, la chugchucara, el plato típico de Latacunga. 
No obstante, figurar entre los principales platos del Ecuador, no es un reto fácil, importa mucho los secretos que guarda la receta original: la textura, los productos, los condimentos, el gusto, el olfato, la técnica... ¡la sazón! y hasta el toque de amor que se le pone. 
La chugchucara tiene aproximadamente 70 años de existencia y como la mayoría de platillos del Ecuador, es el producto de la fusión de recetas indígenas y españolas que utilizan productos locales; su nombre corresponde al compuesto de palabras indígenas que significan cuero y tembloroso, en referencia al producto principal que es la carne de cerdo y cuero reventado. 
Lo que hace especial a la chugchucara tiene que ver con la textura del chicharrón para el mote, de la sazón de la fritada que se derrite en la boca acompañada de las suaves papas cocinadas y el fino plátano frito, del punto preciso para retirar del fogón el salado cuero reventado y de la fusión entre sal y dulce de las empanas de mejido y el canguil con tostado.   

8 de noviembre de 2011

LA DAMA TAPADA



Cuenta la historia, que por el año 1700, en Guayaquil, una dama aparecía alrededor de la media noche y recorria el barrio las Peñas, uno de las más antiguos de la ciudad, pero solo podían verla en su paseo los trasnochados borrachitos mujeriegos que salian de sus andansas; aunque dicen que también y algunas veces, recorría los alrededores del cementerio antiguo, y la iglesia de Santo Domingo.

Esta joven, elegante y de buena figura, lucia hermosos atuendos, pero su preferido era un vestido negro acampanado bajo la cintura y ajustado sobre ella, muy a la moda de la época, su cabeza siempre estaba cubierta por un velo gris bordado que caía sobre su rostro y no permitía que la reconocieran.

La dama emanaba a su entorno una fragancia muy peculiar a nardos y violetas, un aroma que embriagaba y seducía. 

Cuando sus peregrinos la encontraban en el camino, inevitablemente su aroma los obligaba a seguirla, y aunque más de uno había intentado acercarse y ver su rostro ella no lo permitía. 

Los mujeriegos embobados por su bello fisico y agradable aroma, recorrían a su lado las calles sin percatarse a que lugar se dirigían y así llegaban al Cementerio General, allí la dama prometia descubrirse el rostro. 
Ya en el lugar, la dama parada frente a su enamorado hombre, lentamente descubria su rostro, dejando ver sus finas y delicadas facciones, quien la acompañaba dicen quedaba alumbrado por el rostro que hacia juego con su figura, pero depronto la dama decia "Ya me conoce usted como soy, ahora si quiere seguirme, sígame", cuando de pronto extendía su mano en señal al enamoradiso hombre, mientras su rostro se iba descomponiendo hasta convertirse en una calavera de la que fluían olores nauseabundos. 

Sus víctimas entonces quedaban impactadas, algunos morían ese instante por el susto, otros producto del vomito que producía el olor pestilente. Pocos fueron los que sobreviveron a tal aparición, y eso, debido a que en el acto de alguna manera se confesaron. 

La dama tras ello, desaparecía nuevamente vestida y finamente arreglada entre las tumbas.

Mas de una vez los lugareños afirmaron que se trataba de una joven porteña, hija de cafeteros, que había estado comprometida por varios años con un comerciante español. Aquel comerciante no tenia un sitio fijo de vivienda, iba y venia hacia y desde la península, pero en uno de sus largos viajes, un primo de la joven descubrió al pretendiente en amoríos con una muchacha, hija de comerciantes españoles que se habían radicado en Jipijapa, un cantón ubicado al sur de la provincia de Manabí.

Entonces, aquel compromiso había llegado a su final, el primo a su regreso contó todo a la familia de la bella joven y ella después de enterarse sobre el engaño, cayo en una profunda desolación. Tras ello, el joven implicado regreso a buscarla y pedir su perdón, pero era demasiado tarde, la joven había muerto deprimida.

Desde entonces, dicen, su alma vaga por las calles de Guayaquil vengando su engaño y retando a los infieles que encuentra en el camino, sin saber que después de su muerte, su amado también murió embriagado de culpa. 

2 de noviembre de 2011

LA HISTORIA TRAS EL CRISTO DE LA AGONIA




San Francisco de Quito, fundada en Agosto de 1.534 sobre las ruinas de la antigua capital de los Shyris, se sitúa en la falda oriental del Volcán Pichincha, o del Monte que Hierve, como lo llamaban los indígenas. Dicho volcán posee dos grandes cráteres, que son resultado de sus erupciones y a su vez tres picachos o respiraderos conocidos con los nombres:  Rucu-Pichincha o Pichincha Viejo, el Guagua-Pichincha o Pichincha Niño, y el Cundor-Guachana o Nido de Cóndores. 
Después del volcán más activo del mundo, el Sangay, el Rucu-Pichincha es considerado el  volcán más temible al menos en el territorio americano. 
 
La historia hasta 1.663 guarda al menos seis erupciones del Volcán Pichincha que destrozaron el territorio de los Shyris, una en 1.534, otra cuatro años más tarde en 1.539, y otras en 1.577, 1.588, 1.660 y 1.662. 

Para los hijos de la América republicana, el Pichincha simbolizaba entonces una de las más bellas páginas de la gran epopeya de la revolución. A las faldas del volcán tuvo lugar, el 24 de mayo de 1.822, la sangrienta batalla que afianzó para siempre la independencia del yugo español para las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito. Por ello varios retratistas de la época se inspiraban en la majestuosidad que denotaba el Pichincha para sus obras.


Casi dos siglos habían transcurrido sin que sus torrentes de lava y rudos estremecimientos esparciesen el luto y la desolación en Quito, se creía incluso que el volcán ya no tenía vida. Sin embargo, el 22 de marzo de 1.859 el volcán desmintió a los sacerdotes encargados  de la ciencia y la geología y es en entre aquellos momentos que nace la historia del Cristo del Consuelo.

La pintoresca ciudad de Quito quedó entonces casi destruida. Pero debido a que el cráter principal del Pichincha se encuentra al Occidente de la ciudad, su lava fue lanzada en dirección a los desiertos de la costa de Esmeraldas, circunstancia salvadora para la ciudad que sólo había sido víctima de los sacudimientos y cenizas del gigante que la sirve de atalaya. 

Entonces y tras dicho temblor aparece en la historia del Ecuador el pintor, Miguel de Santiago. Cuenta la historia que un oidor español le había encomendado le hiciera su retrato. Miguel de Santiago entonces, había trabajado algunas semanas resguardando detalles y colores buscando perfeccionarlo. Cuando había dado por terminada la obra, el pintor en busca de conservas para sobrevivir en casa los días de cuidado por la encenizada tras el estruendo del Pichincha, se había predispuesto a viajar hasta un pueblo llamado Guapulo a las afueras de la ciudad. 

Sin imaginar que la ceniza podría manchar el cuadro, precavidamente lo había encomendado a su esposa, dejándolo bajo un pequeño techo de un cuarto que tenia gran entrada de sol en la parte alta de la casa para que se secara. La infeliz mujer no supo impedir que el retrato se ensuciase con el viento cargado de cenizas, así que presa de su remordimiento falto de cuidado llamó al pintor Gorívar, discípulo y sobrino de Miguel, para que reparase el daño y así ocultar los hechos a su marido. 


De regreso Miguel de Santiago, descubrió el engaño al ver a Gorivar con pinturas y pinceles sobre su obra. Entonces el artista, malgenio y furico, como lo conocían. Se encolerizó con lo que creía una profanación de su trabajo, y dio de cinturonazos a Gorívar, rebanandole una oreja a su pobre esposa.  
De pronto había acudido el oidor y al ver semejante acto de ira, lo habría reprendido. 

Sin embargo, Miguel de Santiago, sin respeto a las campanillas del personaje, lo arremetió también a estocadas. El oidor huyó y entabló una acusación contra aquel furioso hombre. Entonces tras los hechos se vio obligado a tomar asilo en la celda de un fraile; y durante los catorce meses que duró su escondite, pintó los catorce cuadros que embellecen los claustros agustinos. Entre ellos el titulado "Milagro del peso de las ceras". Se afirma que una de las figuras que en él se hallan, es el retrato del mismo Miguel de Santiago.

Cuando el artista volvió a aspirar el aire libre de la ciudad, luego de vivir en completa comunión entre religiosos, su espíritu era ya presa del ascetismo de su siglo. Una idea abrasaba su cerebro. Quería trasladar al lienzo la suprema agonía de Cristo.
Muchas veces se puso a la obra; pero, descontento de la ejecución, preso por su carácter, arrojaba la paleta y rompía el lienzo. Pero aún así, no desmayaba en su idea.
La fiebre de la inspiración lo devoraba; sin embargo, su pincel era rebelde para obedecer a tan poderosa inteligencia y a tan decidida voluntad. 
Hasta que luego de varios intentos el genio finalmente había encontrado el medio para salir triunfador.


Entre los discípulos que frecuentaban el taller se hallaba un joven de bellísima figura y Miguel creyó ver en él el modelo que necesitaba para cumplir su pensamiento.

En su intento lo hízo desnudar, y le colocó en una cruz de madera a sus espaldas. La actitud nada tenía de agradable ni de cómoda. Sin embargo, en el rostro del joven encontraba una ligera sonrisa que lo inspiraba, aunque el artista no buscaba la expresión de la complacencia o del indiferentismo, sino la de la angustia y el dolor que imaginaba Jesús había sentido.


-¿Sufres?-preguntaba con frecuencia a su discípulo.
-No, maestro -contestaba el joven, sonriendo tranquilamente.
De repente Miguel de Santiago, con los ojos fuera de sus órbitas, erizado el cabello y lanzando una horrible imprecación, atravesó con una lanza el costado del mancebo. Este arrojó un gemido y empezaron a reflejarse en su rostro las convulsiones de la agonía.

Miguel de Santiago, en el delirio de la inspiración, con la locura fanática del arte, copiaba la mortal congoja; y su pincel, rápido como el pensamiento, volaba por el terso lienzo.
El moribundo se agitaba, clamaba y retorcía en la cruz; y Santiago, al copiar cada una de sus convulsiones, exclamaba con creciente entusiasmo:
-¡Bien! ¡Bien, maestro Miguel! ¡Bien, muy bien, maestro Miguel!


Por fin, culminado el trabajo el gran artista desataba  a la víctima; con la vela ensangrentada, pasó la mano por su frente como para evocar sus recuerdos, y como quien despierta de un sueño fatigoso, midió toda la enormidad de su crimen y, espantado de sí mismo, arrojó la paleta y los pinceles, y huyó precipitadamente del taller.


¡El arte lo había arrastrado al crimen! Pero su Cristo de la Agonía estaba terminado.
 
Éste fue el último cuadro de Miguel de Santiago. Su sobresaliente mérito sirvió de defensa al artista, quién después de un largo juicio obtuvo sentencia absolutoria, pues la grandeza de la obra era inedita.
El cuadro fue llevado a España. Miguel de Santiago, atacado desde el día de su crimen artístico de frecuentes alucinaciones cerebrales, falleció en noviembre de 1.673, y su sepulcro está al pie del altar de San Miguel en la capilla del Sagrario, lugar que también alberga alguna copia de sus obras.

27 de enero de 2010

SUPERSTICIONES SUPERSTICIOSAS



El Ecuador, como la mayoría de las naciones de América Latina , se ha desarrollado entre abundantes creencias y supersticiones.  

Shamanes, curanderos y brujos son el denominador común en la vida cotidiana de sus habitantes. Existen todo tipo de supersticiones, pero las mas comúnes del país aluden a espejos, escaleras, gatos negros y números 13, una superstición que por cierto, es mucho más fuerte que cualquier otra.
Por ejemplo, en algunos edificios de Quito, la capital, no existe el piso 13. En los ascensores los botones saltan directo del 12 al 14, pues se cuenta que en los pisos 13 la suerte de quienes se atreven a vivir o trabajar allí nunca es buena, pasan toda la vida buscando estabilidad y jamás la encuentran. 
En Guayaquil, se dice que los días de "malisima" suerte son martes y viernes 13. Se especula que durante esos días uno nunca debe hacer negocios, no deben realizarse bodas y jamás se debe viajar, pues la mala suerte que provoca este número, es un obstáculo algo imposible de superar.

"Cuidadito si rompes un espejo luego de haberte reflejado, la mala suerte cae en tu vida por siete años"; "cuando un gato negro se cruza por tu lado, en los amores no serás afortunado"; "si pasas debajo de una escalera tu vida durará muy poco y si alguien te barre los pies, no te casarás, y si lo haces corres el riesgo de no ser verdaderamente feliz" dicen las abuelas del Carchi. 

En Ambato, en cambio, se dice que jamás se debe pedir sal si  esta no está dentro de un salero, pues el riesgo es que quien te la pase en una cuchara la riegue, suceso que dará a tu vida un giro de nueve a catorce años de mala racha. 

Pero hasta hoy no solo existen las supersticiones con objetos, sino que con el pasar de los años se han aumentado a la lista algunas otras que van acompañadas de frases para protegerse del mal aire de la suerte,. frases que surgen por la visita de habitantes de paises hermanos. 

Por ejemplo, en los pueblitos pequeños del norte del país, el Chota, San Pablo del Lago, Mira o Suleta, San Pascual es quién trae la suerte. 
Los antiguos, cuando se prendía la leña para hacer fuego, decían: si lanza chispas, se debe bailar y las mujeres deben levantar la falda diciendo "San Pascual bailón que llegue tarde que llegue temprano", considerando que las chispas fuesen una señal de que se iba a recibir una buena noticia, o en caso contrario si la noticia era mala, se agregaba la frase "sino que no llegue  ni envano", esas palabras se las repetía varias veces siempre bailando y con la falda hacia arriba.

Otras personas buscando aumentar la clientela de negocios, principalmente en Riobamba, tomaban cuatro cabezas de ajo amarrados con una tira de satín rojo, y las colocaban en diferentes partes del lugar, repitiendo siempre "Por mi, por ti, por todos, para que me vaya bien para que me vaya mal, pero nunca desigual".

En otras zonas para tener hijas, las mujeres indígenas especialmente de la zona sierra, vestían con ropa de muñecas a unas cuantas papas “cholas” y repetían "Una hijita me has de dar cuando el sol salga a madrugar" y cuando era hora de ir a la cama se acostaban con ellas, eso de alguna forma les garantizaba que tendrían por lo menos una niña dentro de su desendencia. 
 
Por otro lado estaban y en algunas casas aún persisten las creencias para echar fuera aquellas personas que no son bienvenidas,. Entre  los antiguos era algo muy típico en todo el país. Cuando aquella persona entraba, se dice que se corría por una escoba para colocarla junto a la puerta de cabeza y así se lograba una rápida partida del visitante.

O si el caso era una casa llena de malas vibras, se llamaba a un brujo o curandero quién colocaba una rama de sábila junto con una herradura en la parte superior de la puerta principal, y entonces se despedia diciendo diez veces "Mala vibra sal, busca otro hogar, este queda en paz, que entre la bondad y la oscuridad vuelva a su lugar".

Claro, todas las supersticiones en el Ecuador, duraban y duran hasta que un Shaman, un brujo o un curandero de cepa, con uno que otro truquito y bajo algún dinerito quite el mal andar.

25 de enero de 2010

LA CASA 1028


Masa de sal
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Alún tiempo atrás, en Quito, vivía una niña llamada Aurora.
Ella, era una jovencita muy simpática, sus ojos eran tan claros y azules como el cielo en pleno vgerano y su cabello tan rubio como el color que refleja el sol. Sus Familiares desde pequeña la llamaban Bella, Bella Aurora, así en todo lugar se lo conocía.
Bella Aurora pertenecía a una familia de buena posición, sus padres además de ser ricos, eran muy cariñosos y la adoraban, pues ella era la única hija que tenían.
En el tiempo en que vivió Bella Aurora, la Plaza de la Independencia no tenía el monumento a la Libertad de hoy, sino una pila al centro y nada más, ni flores, ni árboles, estos fueron plantados a finales del Siglo XIX y mediados del Siglo XX como iniciativa del presidente Gabriel García Moreno, quien mando a convertir la plaza en un pequeño jardín al estilo francés para mejorar la fachada del casco colonial. Entonces en aquellos tiempos, en la plaza, se realizaban con frecuencia corridas de toros.
Una mañana entre los primeros días de diciembre, la familia de Bella Aurora asistió a la que había sido anunciada como una gran corrida. La tauromaquia era un arte que año tras año, mes tras mes tradicionalmente disfrutaban muchos de los quiteños.
Bella Aurora nunca había visto un espectáculo taurino, por ello sus padres decidieron llevarla a la gran corrida. Ella curiosa comentaba con su madre todo lo que pasaría cuando de pronto entre preguntas y murmullos, la feria había empezado, primero mientras se tocaban trompetas, salieron al ruedo los toreros para saludar al publico montados en bellisimos caballos, traídos desde España, con capas rojas y banderillas de colores en sus manos, al poco tiempo se despejo el ruedo y salió un toro negro, muy grande y robusto, que al verlo simplemente daba miedo.
Como es normal, el toro dio una vuelta reconociendo la arena. Y luego de mirar a su alrededor, se acercó lentamente hacia donde Bella Aurora espectaba, fijamente la miraba mientras caminaba, pero la niña de inmediato se desmayó del susto, solto el brazo de su madre y cayo al suelo.
Sus padres no podían entender lo que pasaba con aquel toro, así que solo salieron de allí con la pequeña en brazos hasta su casa, unas calles abajo, donde intentaron curarla del espanto.
Mientras en la plaza se dice que aquel toro negro, cuando vio a Aurora alejarse, se desespero buscándola, y al no encontrarla, esquivo a los toreros y saltó la barrera, con su olfato dio con la casa de la niña, la casa 1.028.
El toro se había enamorado.
Furioso y desconcertado rompió la gran puerta de madera que daba a la calle,  los sirvientes lo vieron dar vueltas en el patio interno de la casa, de un brinco de pronto subió al corredor, olfateó por todas partes hasta que entró al dormitorio de Bella Aurora.
Cuando la niña lo vio, quiso huir, pero no tuvo fuerzas. Los sirvientes quedaron desconcertados y entre gritos solo se alcanzó a escuchar un grito más fuerte, el de Aurora mientras el toro la embestía. 
De inmediato sus padres y empleados corrieron a ver que sucedía, el animal escucho ruidos y desapareció después. Se hizo humo. Nunca ni siquiera se lo vio salir.



Bella Aurora había quedado en el piso bañada en sangre. Ella falleció esa misma tarde, sus padres quedaron devastados, enterraron a su pequeña en una hacienda a las afueras y poco después abandonaron la ciudad.  

22 de enero de 2010

EL CURA SIN CABEZA



En medio de la calma en que vivía la ciudad de Loja, en aquella época en que aún no se conocía la luz eléctrica y las pocas calles quedaban sumidas en la obscuridad a las siete de la noche, comenzó a suscitarse un hecho que aterrorizó a la escasa y recatada población de ese entonces.


Tan pronto en la iglesia mayor sonaban las doce campanadas que marcaban el filo de la media noche despertando a brujas y fantasmas, sobre el empedrado de la calle Bernardo Valdivieso se escuchaba el ruido producido por los cascos de un caballo que salía a todo galope desde un recodo de la Miguel Riofrío y luego se perdía por las calles periféricas de la ciudad que entonces eran apenas estrechos callejones.
Las personas que admiradas de la audacia del jinete, que se atrevía a salir a esa hora de la noche, se asomaban a sus puertas o balcones, pero sólo atinaban a ver un cuerpo con capa y sotana de cura pero ¡sin cabeza!

A pesar de la rapidez con la cual cabalgaba el jinete, pero dada la circunstancia de que la escena se repetía diariamente, los curiosos aseguraban que debajo de la sotana habían visto los pies del jinete sobre los estribos e igualmente las manos que sobresalían del negro manto y sujetaban fuertemente las bridas, pero nadie vio jamás la cabeza porque definitivamente no la tenía. De allí que el "fantasma" fuera bautizado con el nombre de CURA SIN CABEZA y desde entonces no hubo en la ciudad un tema que gozara de mayor popularidad: los hombres muy valientes, por cierto aseguraban haberlo visto frente a frente, mientras que las mujeres se santiguaban cuando oían mencionar su nombre y para los niños no había mejor cosa que nombrar al "cura sin cabeza" para que se portasen bien e hiciesen lo que ordenaban los adultos.


Se hallaba en su punto culminante este reinado de terror impuesto por el "cura sin cabeza" cuando ocurrió algo inesperado.
Lo mejor de la sociedad lojana había concurrido a una fiesta que se  dio en un a elegante casa del barrio de San Agustín en donde los convidados comieron, bebieron y bailaron  hasta momentos antes de la media noche, hora en la cual todos procuraron retornar apresuradamente a sus hogares precisamente por temor a un fatídico encuentro con el "cura sin cabeza".
Pero hubo una excepción y  ella estuvo compuesta por un pequeño grupo de jóvenes que habían bebido más de la cuenta y se sintieron muy a tono como para encontrarse e inclusive desafiar al temido "Cura". Se quedaron en la fiesta y siguieron libando hasta que sonaron las doce campanadas de la medianoche y entonces salieron llenos de euforia para darle la cara al fantasma o lo que fuere, ya que estaban resueltos a enfrentarse hasta con el mismo diablo.
Pero les falló el cálculo del tiempo y cuando llegaron a la esquina de las calles Bernardo Valdivieso y Miguel Riofrío sólo vieron al extraño jinete que, con su caballo a todo galope, se perdió por el recodo de la calle 10 de Agosto.

Más no se dieron por vencidos y mejor fueron a proveerse de lo necesario para esperar su retorno, pues se comentaba que solía hacerlo cuando comenzaban a disiparse las sombras de la noche.
Provistos de una buena botella de licor para contrarrestar el frío de la noche y por qué no decirlo también, el miedo que les inspiraba su temeraria aventura, los cuatro jóvenes fueron a apostarse a los dos costados de la calle Bernardo Valdivieso, entre Miguel Riofrío y Rocafuerte, y allí clavaron fuertes estacas  entre las cuales templaron una cuerda de tal modo que, cuando llegara el caballo con su jinete, sólo pudiera pasar el primero por debajo de la cuerda, mientras que el segundo sería derribado por la misma y allí lo atraparían los que para entonces ya estarían bastante borrachos.

Las primeras horas de la madrugada pasaron con relativa calma y el efecto del licor se traducía en bromas y risas, pero la situación se puso tensa cuando escucharon las campanas que anunciaban las cuatro de la mañana y el jinete- fantasma no aparecía por ninguna parte. Estaban a punto de abandonar su temeraria asaña cuando percibieron, a lo lejos, los cascos del caballo sobre el empedrado de la calle. Disimularon su presencia, a pesar de que no hacía falta  debido a la obscuridad de la noche, y esperaron a que llegara el jinete y tropezara con la cuerda.
Tal como lo habían previsto, llegó el caballo a todo galope y al toparse el jinete con la cuerda, cayó al suelo y sobre él se abalanzaron los jóvenes y lo inmovilizaron a pesar de que estaban temblando por el miedo.

¡Habla! le ordenaron entonces ¡habla, ya seas de este mundo o del otro!
¡No me maten! gimió una voz y entonces los jóvenes pudieron comprobar que se trataba de un hombre de carne y hueso.Una vez que le quitaron su extraño atuendo:
Una sotana de cura cosida de tal manera que el cuello le quedaba sobre la cabeza, dejando sólo unos agujeros para los ojos y otros a la altura de las manos, mientras que la capa le cubría hasta los pies, el hombre- fantasma quiso huir,  pero los jóvenes lo sujetaron fuertemente y le prometieron dejarlo marchar solamente después de que le hubiera contado los motivos, las razones y la historia de su extraña actitud.
Se sentaron. Pues, sobre la acera de la parte posterior del convento de Santo Domingo y allí se descubrió el enigma.

Juan Fernando era hijo de españoles afincados en Lima, en donde había nacido y educado con gran esmero, pues su familia disponía de grandes recursos.
Desde niño tuvo la oportunidad de relacionarse con su prima María Rosa, hija de un hermano de su padre y dadas las circunstancias de que ambos eran hijos únicos, la soledad del uno se esfumaba con la presencia del otro y así aprendieron a amarse y necesitarse hasta el punto de que más tarde les fue imposible vivir separados, pero al cumplir su mayoría de edad resolvieron unirse en matrimonio.
Pero allí surgió el problema porque los padres de ambos jóvenes se opusieron rotundamente por razones de su parentesco carnal y en vista de que inclusive tenían elegidos a los consortes para sus respectivos hijos, aquel matrimonio resultaba imposible desde todo punto de vista.

Puesta la joven ante la disyuntiva de casarse inmediatamente con un rico pretendiente o entrar en un convento, ella optó por lo segundo, pero sus tercos padres no la dejaron en Lima sino que como castigo la desterraron a un convento de Loja, atenta la circunstancia de que en esta lejana ciudad vivían unos parientes de su madre. Al despedirse de su amado, María Rosa le prometió que jamás profesaría y que solamente estaría esperándolo hasta que fuera a rescatarla; él por su parte, juró que así lo haría.


Poco tiempo después un apuesto joven se presentó en el Convento  de Santo Domingo de la ciudad de Loja solicitando se  lo admita primero como un huésped y después, si las circunstancias lo ameritaban, como un aspirante a  la Orden. En su fuero interno había resuelto su cometido, pero sino lo conseguía, de verdad se convertiría en un Religioso pues en el mundo ya no había otra meta para su vida. Como los documentos que trajo desde Lima eran excelentes, el Superior del Convento lo acogió de buen agrado y hasta comenzó a confiarle pequeñas tareas que lo ayudarían a ambientarse y a sentirse cómodo dentro de su nuevo lugar de residencia.

¡Qué lejos estaban los religiosos de imaginar que ese joven callado y austero que pasaba todo el día trabajando en el jardín o ayudando en los menesteres de la iglesia, era el mismo que por las noches se escapaba para ir a visitar a su amada que en igual situación se encontraba en otro convento de la ciudad.

Asimismo los cuatro jóvenes que lograron derribarlo de su caballo y lo tenían inmovilizado exigiéndole que les revelara la verdad, se hallaban bastante lejos de imaginar que ese hombre fuera el mismo que mantenía aterrorizado al vecindario como el supuesto "cura sin cabeza".

¡Por favor tengan piedad de mí! imploró el joven. Pero ante la imposibilidad de que lo liberasen sin revelar su identidad, comenzó así su extraña historia:
 Soy forastero, vine desde Lima detrás de mi amada que fue desterrada a este lugar y condenada a vivir en un convento para que no se casara conmigo. Como no tenía amigos en esta ciudad, a uno de mis tíos que es fraile dominico en Lima, le pedí que me diera recomendaciones   para hospedarme en el Convento de Santo Domingo de Loja. Conseguido esto, pensé que había culminado la primera parte de mi empresa.
¿Cuál fue la segunda? le interrogaron con curiosidad los captores.
Voy a contarles prometió el joven pero por lo menos suéltenme para poder hacerlo con relativa calma.
Ellos accedieron y el joven continuó: La segunda parte resultó aún más difícil y temeraria pero no había otra manera de cumplirla: como uno de los Padres Dominicos acudía todos los días a celebrar la misa de cinco de la mañana en la iglesia del convento donde se hospeda mi novia, me ofrecí para acompañarlo y servirle de acólito. De esta manera me puse de cuerpo entero ante los ojos de mi amada y así ella ya podía al menos abrigar una esperanza.
¿Qué hizo entonces? preguntó uno de los curiosos interlocutores.
Se las ingenió para conseguir  que a ella también le permitieran ayudar en la sacristía, y en un momento de descuido de la Madre sacristana, me pasó un papelito que yo apreté desesperadamente entre mis dedos y solamente pude leerlo en el retiro de mi cuarto  una vez que estuve de vuelta en el convento.
Allí me decía, continuó el joven, que a las doce de la noche me esperaría en la parte posterior del convento, lugar y hora donde yo esperaría su señal.
¿Salió ella a verte por la puerta de atrás del convento?.
¡Imposible! Sólo pude escuchar su dulce e inconfundible voz que me decía que me amaba; y con grandes esfuerzos poco a poco hice un pequeño orificio en la pared, por donde ella deslizaba su fina y pálida mano que yo cubría de besos hasta que llegaba la hora de volver a separarnos.

Pero ¿por qué tenías que disfrazarte de "cura sin cabeza" para acudir a esas citas?
Porque era la única manera de alejar a los curiosos y tener la seguridad de que nadie nos molestaría. De otro modo habría sido imposible concertar esas peligrosas citas. El temor al fantasma era lo único que podía guardar nuestro secreto.
¿Y de dónde sacaste el caballo y los atuendos de cura?  
El caballo lo tienen siempre a mono los padres Dominicos para cuando se presenta la necesidad de salir a los campos a confesar algún enfermo grave y pastorea en ese terreno vacío que da a la calle lateral, por donde hay una puerta grande que yo la dejo sin llave para poder salir y entrar sin desmontar del caballo. Lo demás fue fácil hacerlo con unos hábitos viejos que encontré en un baúl del convento y que seguramente pertenecieron a frailes ya fallecidos.

¡No hay duda de que eres bien osado! comentó uno de los captores.
No habían alternativas y el amor lo supera todo replicó el limeño.
¡Termina, termina! dijeron los otros estamos ansiosos por conocer el final y fíjate que ya amanece...
En todas las entrevistan nocturnas con mi amada planeábamos la fuga para el día siguiente después de la misa de cinco a la que yo concurría infaltablemente como sacristán del padre dominico, pero todos los días había algo que estorbaba nuestro plan y sobre todo ella no se arriesgaba a ponerlo en práctica.
Así han transcurrido varios meses que han sido para los dos un verdadero infierno de angustia ante el temor a ser descubiertos y esto al fin ha ocurrido ahora truncando nuestro sueño de manera definitiva terminó diciendo el joven con profunda tristeza.

¡No! contestaron a coro los cuatro jóvenes lojanos que para entonces se encontraban ya repuestos de tremenda borrachera.
¿No? repitió asombrado el limeño y luego preguntó: ¿No van a entregarme ustedes a las autoridades para que me encierren e la cárcel por lo que he hecho?
¡No! volvieron a repetir los cuatro y uno de ellos, interpretando el sentimiento  generoso y hospitalario que es proverbial en los lojanos, agregó:
Te vamos a dar la ultima oportunidad de convertirte en el "cura sin cabeza" para que vayas esta noche a contarle a tu novia lo que ha ocurrido y prevenirla de que si mañana no se fuga contigo, se quedará para siempre en ese convento. Si ambos no aprovechan esta generosidad de nuestra parte, olvídate de que nos hemos visto porque si una noche más de la que te concedemos, te apareces por aquí como el "cura sin cabeza"...! Irás a parar en la cárcel con caballo y todo!

Tan hermoso le pareció lo que acababa de escuchar que casi no lo creía. Los abrazó a los cuatro muchachos como a los hermanos que nunca había tenido y corrió a preparar su huída.
Nunca se supo cómo y cuando lograron escapar los dos jóvenes peruanos, pero después de algún tiempo se recibió en el correo central una extraña postal que armó revuelo en el vecindario porque estaba dirigida:
"A los buenos amigos que me ayudaron a escapar y a conseguir mi felicidad"
firma: El Cura sin Cabeza.

Desde entonces se tejieron más historias alrededor del "cura sin cabeza", pero el único hecho inequívoco fue que nunca volvió a vérselo en las calles de Loja; y como la postal que se recibió en el correo provenía de Lima, comentábase que seguramente estaría haciendo de las suyas en la vecina República del Perú.

18 de enero de 2010

LOS GAGONES

Hace varios años, cerca del puente roto de Cuenca, apareció una criatura con forma de perrito faldero.
Este pequeño personaje se caracteriza por ser completamente blanco y de ojos tan negros como la noche.
Este extraño pero dulce animal aparece cuando personas con grado de familiaridad tienen relaciones prohibidas, es decir cuando surgen romances entre primos, especificamente entre primos hermanos.
Este pequeñuelo aparece con el objetivo de asustarlos para separarlos y manterlos fuera del pecado.
Cuando es así se escuchan gemidos que imitan a los lloriqueos de un bebe recién nacido, sonidos tan escalofriantes y agudos que aquellos siempre se separan a tiempo para no causar el enojo del Gagón.
La gente antigua para saber si sus familiares están fuera de cualquier pecado, aún creen que si se atrapa al Gagón y se lo tizna de negro en la frente con carbón, las frentes de las personas que este animal sorprendió en pecado, también se tiznarán de negro.


15 de enero de 2010

LA LLORONA



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Por lo menos una vez, en cualquier region del Ecuador, se ha oído hablar de La llorona.

Angustia de la Torre uriunda del oriente, es una mujer muy alta y bella de cuerpo, siempre viste de color blanco, aunque no es posible distinguir bien sus rasgos faciales.

Los relatos populares, la describen como una mujer sin pies, pues parece desplazarse por el piso sin rozarlo, como flotando.

La historia cuenta que la llorona es una mujer con un eterno penar que se debe a que busca a un hijo recién nacido que asesinó arrojándolo al río para ocultar un pecado. 
Y como no lo ha encontrado esta en una continúa penitencia.

Ella castiga a los muchachos que andan de amores prohibidos, dicen que su forma natural de castigarlos es matándolos.
Cuando va a matarlos, quienes la han visto, dicen que ella puede llegar a matarlos en un helado abrazo cuando los toca.

Se la llama la llorona porque sus gemidos son aterradores y penetrantes, por las calles va diciendo ¿Dónde está mi hijo? ¿Dónde está mi hijo?, devuelvanme mis tripas y mi pusun, lo que ella quiere decir esque le devuelvan parte de su ser, sus peticiones las hace de una forma insistente ,única , es capaz de enloquecer a los perros mientras deambula por las noches, sobre todo cuando es noche de plenudio.
La mayoría de los relatos, la consideran señal de malos presagios, un indicador de mal agüero, ella puede acercarse para enfermar a las personas, empeorar a los enfermos o traer desgracias a los seres queridos.
Aunque en otros relatos, la llorona se presenta como un ser inofensivo que necesita consuelo y ayuda, despertando piedad en la gente que, cuando se acerca a consolarla, les roba todas sus pertenencias.